miércoles, 1 de agosto de 2012

El dilema de la ignorante

Me gusta la ignorancia. El estado de novedad, el desconocimiento de explicaciones y motivos. El asombro puro del sentir y no saber. En cierto punto de mi vida decidí saber lo menos posible. Reducir al mínimo las explicaciones para poder tener la oportunidad de sentir todo dejando el la mente de lado.
El dilema está en que esa decisión ha sido, probablemente, la más errada que he tomado. Y no solo eso, sino que he sido incapaz de cumplirla ni en los más ínfimos detalles de la existencia. Y no es que quiera quitarme responsabilidad (en el fondo sí), pero el mundo espera que sepa lo máximo. Por que al final saber es poder, saber es avanzar, saber es crecer.
Y es verdad, si supiera lo mismo que sabía cuando llegué al mundo, no solo estaría aislada del mundo, sino que estaría atrasada y, probablemente, las cosas no me asombrarían tanto como supongo que lo harían (ya bueno, como me gustaría que lo hicieran).
Entonces negociemos. Partamos de una base mínima de conocimiento: capacidad de comunicarse, de moverse. Entonces ya no soy ignorante, ya se algunas cosas. Y partiendo de esa base, se sigue un camino socialmente lógico: escribir, leer, los colores, sumar, restar y todas esas cosas que cuestan tanto pero son tan simples. Y después biología, historia, geometría. Y después economía, finanzas. Y al final se más de lo que quiero, más de lo que me importa y, sinceramente, más de lo que me parece útil.
Ahora me aparece una pregunta, sin ninguna base psicológica ni definiciones reales, solo en base a mi intuición ¿Y si lo que quiero omitir son conocimientos, pero no habilidades? A mí qué me importa porqué llueve, quién fue la cabeza tras la revolución industrial o cuál es el coceno de cuarenta y cinco. A mí me basta con poder hacer algunas cosas.
¿Mi solución? Magia. Todo lo que pueda atribuir a la magia, no me interesa entenderlo en verdad. La lluvia, los aviones, las estaciones, las sensaciones, los orígenes, los destinos. Para mí todo es magia y con eso me quedo tranquila.

Volvamos ¿o no?

Dicen que este año el mundo se va a acabar. Yo prefiero no pensar en eso porque me da terror, pero podría ser una excusa para volver acá. Si quedan solo ¡¡4 meses!! de mundo, habrá que escribirlos un poco ¿o no?
Desde la última vez que publiqué no han pasado muchas cosas. Pero supongo que después de más de dos años sin pelar el cable por escrito, alguna que otra cosa se me habrá acumulado en el cerebro ¿o no?
Descumplí las únicas dos promesas que me hice cuando entré a la universidad. Me seguí echando ramos. Estoy en los mismos lugares y me muevo en el mismo auto. Tengo pocos amigos nuevos, pero son buenos, supongo. Sigo hablando sola (sobre todo en la ducha), sigo llorando con propagandas (ahora también en versión radial, patético). Sigo igual ¿o no?
De todas maneras quiero escribir algunas cosas, algunas veces. Por eso decidí volver... O quizás se me arreglaron demasiado los cables ¿o no?

lunes, 24 de mayo de 2010

Adiós.

Hace dos meses que no escribo... 60 dias... después de una línea, después de una pregunta más encima.
Hace más de tres años que empecé esto... quizás ya es hora de parar. O los cables se terminaron de pelar. O ya ni hay cables.
¿Es un adiós? si, es un adiós.

lunes, 22 de marzo de 2010

¿Y si no quiero algo mejor?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Failing Feelings (Corriente de Conciencia III)

Sólo me voy a sentar aquí a mirar cómo pasa la vida. Busco a alguien al que no le importe (casi) nada. Así como a mí la mayoría de las veces. Que no observe, solo mire. Que sienta la música. Que hable en ingles cuando sea incomodo de decir. Que se eche (si, se eche) a ver tele hasta que las piernas tengan que hacer algo de fuerza para no desprenderse. Que no sepa nada, nada, nada de mí, NADA. Si somos sinceros, no existe. Pero cuando no estoy feliz con lo que tengo/hago/soy, me da un poco de paz sentir que está en alguna parte y que sobre todos mis errores, todavía sonríe cuando piensa en mí.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Algunas palabras para tí...

Y me quedo en silencio mirando tu nombre, esperando a ver si miras el mío.
Me acuerdo de ti, escucho tu nombre, recuerdo las palabras que dijiste y cada momento que pasamos juntos como si hubiesen pasado ayer.

Escribí tu nombre en mi lugar favorito, ahora que tu estas en él es perfecto.

Te niego. No puedo negarlo, trato de mirarte con los ojos de cualquiera… y no puedo, de solo ver las letras que forman tu nombre me sonrío. Y de mirarte a ti… todo.

Tu risa… tu risa me da paz, la escucho y sé que todo está bien… Tu risa me hace feliz.

Donde hubo fuego... si, quedan cenizas, y no es que vayan a volver a arder, pero están ahí para recordarme que exististe y que existes.

lunes, 2 de noviembre de 2009

80 minutos

No. Camino a paso de metro mientras tranzo una mirada al frente y una al piso. No. Pasan imágenes inéditas e inmóviles porque veloces. No. Se va la luz aumenta el ruido y un azul intermitente. No. Ni hablo ni miro ni escucho ni pienso. No. Tan expedito que parece rápido transitando solo. No. De pie tal vez en el suelo espero llega. No. Si hay suerte en la ventana hasta que se acaba. No. Algunos muchos metros by myself. No. Una cadena un candado una llave el perro una puerta el cómodo olor. No. 80 minutos. A la playa QUIZÁS SI.