Hay un tipo parado en una esquina, mirando al infinito, con las manos en los bolsillos, se balancea sobre sus pies, está solo, no hace nada...
En la otra esquina, hay un tipo mirando al infinito, con una mano en el bolsillo, se balancea sobre su pies, está solo, está FUMANDO. Se lleva el cigarro a la boca como si tuviera todo el tiempo del mundo.
¿Qué haces? Nada...¿Qué haces? Nada, fumándome un cigarro.
¿Ambos no hacen nada? Según ellos sí, pero no uno esta fumando, aunque hasta para él es nada ¿Porqué creemos que hay una diferencia entre estas dos soledades, entre estas dos inactivadades? Los dos tipos no están acompañados, los dos miran al infinito ¿Porqué fumar hace que uno de los dos esté haciendo ALGO? Es raro igual...¿Hay un porqué?
Es bien injusto que el tipo que no fuma sea un poco raro, el tipo está solo, "haciendo nada", parado en la vereda. Y el que fuma, hey está "fumando" se está llevando el tubo de tabaco encendido a la boca, está "haciendo algo"
A todos los que piensan eso, les cuento que los que nos paramos a mirar al infinito y a balancearnos sobre nuestros pies también estamos haciendo algo, mucho mas natural y sano, pensamos, miramos, observamos, cantamos en nuestro interior... O quizás no hacemos nada ¿Y QUÉ?
martes, 25 de marzo de 2008
domingo, 16 de marzo de 2008
martes, 11 de marzo de 2008
A mi lado duerme un hombre
A mi lado duerme un hombre.
Un hombre que huele a jabón y a perfume en las mañanas.
Le gusta leer un poco antes de dormir.
A veces escucha música, pero con ella no logra dormirse y mira eternos minutos al techo, tratando de no pensar en nada.
Sus ojos están siempre moviéndose, abiertos o cerrados, como si nunca descansara, como si su alma y su mente no pudieran desocuparse jamás.
Casi nunca me mira y cuando nuestros ojos se encuentran, uno de los dos decide mirar a otro lugar, como huyendo de la mirada del otro.
A mi lado duerme un hombre.
Y en Baquedano despierta y se levanta, para el cambio de andén.
Un hombre que huele a jabón y a perfume en las mañanas.
Le gusta leer un poco antes de dormir.
A veces escucha música, pero con ella no logra dormirse y mira eternos minutos al techo, tratando de no pensar en nada.
Sus ojos están siempre moviéndose, abiertos o cerrados, como si nunca descansara, como si su alma y su mente no pudieran desocuparse jamás.
Casi nunca me mira y cuando nuestros ojos se encuentran, uno de los dos decide mirar a otro lugar, como huyendo de la mirada del otro.
A mi lado duerme un hombre.
Y en Baquedano despierta y se levanta, para el cambio de andén.
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