lunes, 5 de mayo de 2008

Santiago se robó las estrellas

Hace mucho tiempo, cuando anochecía y la luna todavía tardaba en salir el cielo se plagaba de estrellas que formaban claras constelaciones y cubrían el cielo de formas y símbolos que inspiraban a poetas y amantes y, porque no decirlo, también a locos astrónomos.
Ahora, cuando anochece, haya o no luna, las estrellas ya no se ven, hasta en las noches más oscuras, solo las valientes Tres Marías y una triste Cruz del Sur se asoman, ya ni a Marte lo podemos reconocer, hasta a él se le ha ido su característico color anaranjado que solía impresionarnos.
En cambio, Santiago si se estrella de noche. Basta que desaparezca el sol para que un millón de luces, quietas y en movimiento se tomen la cuidad. Éstas no inspiran a astrónomos y solo a algunos inspirados poetas... y, digámoslo, son el escenario de algunos amantes también...
¿No será que Santiago se robó las estrellas? Aburrida de ver a sus amantes, a sus poetas y a sus astrónomos mirar al cielo de noche, quiso quedarse ella con las luces que los inspiraban. Por cada luz que prendió, por cada farol callejero o auto que circulaba por sus calles, tomó una estrella. Sólo algunas dieron la pelea y la ganaron, y son las que siguen allá arriba, inspirándonos.
¡Santiago, devuélvenos nuestras estrellas! ¡Las queremos de vuelta!

No hay comentarios.: