Eso que aprendí a hacer en las insoportables clases de gimnasia (que por fin ya no existen!) ahora lo hago en la vida… Me tocó recibirlo, ahora lo tengo en mis manos y es mi deber llevarlo a otras, no sin antes aprender de él y enseñar con él.
Hace un año yo era una esponja seca, sedienta en busca de una llave que me llenara de esa agua desconocida que en mucho ayudó a que hoy sea quien soy. Me empapé con las palabras de otros, las hice mías, la trabajé, les “metí cabeza”... Hasta que esas palabras se transformaron en una parte de lo que soy y que, ahora, me toca entregar.
Gracias a esa agua, hoy me toca ser la llave. Tengo el testimonio en mis manos, en mis palabras y en mi manera de ser y es mi deber mostrarlo. Ahora veo a quienes son esponjas como lo fui yo y tengo todas las ganas de ser agua para ellos, aunque todavía me queda mucho por aprender y aunque todavía hay partes de mi esponja que esperan recibir agua, lo que yo tengo, lo entrego a quienes lo buscan… y a quienes no también un poco, a ver si se dan cuenta que todos lo necesitamos.
viernes, 24 de julio de 2009
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