domingo, 16 de marzo de 2008

martes, 11 de marzo de 2008

A mi lado duerme un hombre

A mi lado duerme un hombre.
Un hombre que huele a jabón y a perfume en las mañanas.
Le gusta leer un poco antes de dormir.
A veces escucha música, pero con ella no logra dormirse y mira eternos minutos al techo, tratando de no pensar en nada.
Sus ojos están siempre moviéndose, abiertos o cerrados, como si nunca descansara, como si su alma y su mente no pudieran desocuparse jamás.
Casi nunca me mira y cuando nuestros ojos se encuentran, uno de los dos decide mirar a otro lugar, como huyendo de la mirada del otro.
A mi lado duerme un hombre.
Y en Baquedano despierta y se levanta, para el cambio de andén.

domingo, 20 de enero de 2008

Santiago en más de 100 palabras

Nota previa a la lectura: esto fue escrito hace más de un año...cuando había micros

“No es perfecta pero se acerca a lo que yo simplemente soñé...”
En verda nunca lo soñé y si alguna vez lo hubiese hecho, estoy segura de que no hubiera sido así...
Santiago, por el Santo Patrono, lo llamaron los conquistadores que la fundaron como un punto estratégico por su peculiar geografía, no solo está a los pies de la cordillera de Los Andes, sino que es parte de ella, los cerros la definen, la describen, la dibujan... la ciudad no es más que variados cerros y los pequeños valles formados entre ellos.
Cualquiera se burlaría de mi si supiese quien soy, porque no tengo ningún argumento lo suficientemente fuerte para afirmar que Santiago es una ciudad “amable” (y cuando digo amable me refiero a que es fácil enamorarse de ella, no a su “forma de ser”) puesto que no la conozco del todo (es más, la desconozco casi por completo)
Hace unos días, un precioso atardecer me encontró caminando por Padre Hurtado. Mientras comparábamos películas y sueños (más bien, las asemejábamos) noté un especial degradé en el cielo, subiendo desde el horizonte oeste en un naranjo brillante poblado de nubes que formaban un paisaje medio Western, cambiando drásticamente a un celeste pálido hasta esconderse tras la cordillera con rostro de nubes cargadas de bendiciones (¿lluvia trae bendiciones?...cliché) Las hojas de los árboles sacaron todo su verdor, haciéndose ver limpias, brillantes, elegantemente hermosas. Se respiraba un aire (como siempre) contaminado, pero a la vez puro y frío el que el aire está frió siempre me da la sensación de que está puro también.
Después de dejar pasar algunas micros, dudosas del destino que tenían, nos subimos a una diferente, más chica, con una máquina que sin preguntar ni quejarse de anda, nos cobró escolar. Nos bajamos y caminamos saliendo de la Gran Vitacura hacia una calle más pequeña, pero no menos deslumbrante. En ese momento pensé, si se pusiera a llover, no me importaría, nada me arruinaría el éxtasis de ver a Santiago vestida (o vestido no sé) de gala.
Caminar siempre me ha hecho sentir libre y ese día lo sentí con más fuerza. Iba por ahí, con uniforme, caminando por la vereda por donde quizás cuánta gente ha caminado, pero estoy segura de que nadie lo disfrutó como yo. El intenso verde de las hojas era inexplicable, tendrían que haberlo visto para entender.
“Nada podría sacarme de este momento, ni la lluvia, es más, que lloviera lo haría todo más natural, casi nativo” En eso estaba pensando cuando sonaron los bosinazos que nos avisaban que nos teníamos que subir al auto.
Fue como si me hubiesen encadenado, como si me hubiesen despertado de un sueño perfecto y obligado a reintegrarme a la realidad... la verdad es que eso pasó, me trajeron de vuelta a la realidad... un par de bosinazos...
...DIOS, ODIO LAS BOSINAS...

martes, 1 de enero de 2008

De como se ha degenerado el ocio

"Ocio: cesación del trabajo, inactividad"
Diccionario Aristos
Ayer con una amiga estábamos haciendo una lista de a qué éramos adictas en el curso, sanamente hablando, por supuesto... Adivinen a que era (soy) adicta yo: al OCIO
Hace muchos, muchos años, un ocioso era un sabio. En Grecia, en Roma, no trabajar era sinónimo de pensar, si no tenías que estar trabajando la tierra, lavando ropa o gobernando un inmenso imperio, entonces estabas pensando... todo el tiempo, pensando. Así fue como llegaron a ser la rica "herencia grecolatina" que en los últimos siglos los profesores de historia nos enseñan que tenemos. Habían hombres que pensaban en como organizar el estado y gente que lo gobernaba, habían hombres que pensaban como construir acueductos y templos y gente que los construía, habían hombres que pensaban como darle explicación a los fenómenos naturales y gente que adoraba a múltiples dioses. En la antigüedad los ociosos mandaban el mundo, los ociosos la llevaban...
¿Y hoy día? Hoy día el ocioso es el que se sienta frente a la tele, con una Limón Soda en la mano (haz todo, haz NADA) que no piensa en gobiernos, ni en acueductos, ni en fenómenos naturales...por que NO PIENSA. Su cerebro se apaga...
Qué ironía, Griegos y Romanos creían que el ocio era encender el cerebro... y eso era, echarlo a andar. Y nosotros, que tanto heredamos de ellos, creemos que el ocio es apagarlo...TOTALMENTE.
Lo asumo, no me siento lo que es orgullosa de ser adicta al ocio, pero si de que ocupé parte de él en pensar en todo esto y se los digo ahora. No heredemos de los viejos barbudos de Apolo y Afrodita sólo la filosofía y la democracia, sino también la raíz de eso, la fuente de eso, el ocio productivo.
Que el no tener nada que hacer no signifique, precisamente, no hacer nada, que no sea un tiempo para apagar el cerebro, sino para echarlo a andar en cosas diferentes a estudiar o trabajar. Hay libros por leer y porqué no también por escribir, no vamos a ser imperios democráticos con acueductos y montones de dioses. Pero al menos no vamos a ser la generación Limón Soda (sin ofender, me encana su publicidad...) esos que no hacían nada, no pensaban nada.
Seamos ociosos... pero OCIOSOS ACTIVOS.

viernes, 7 de diciembre de 2007

VICIO

Dicen que una imagen vale más que mil palabras... Imagínense dos

jueves, 29 de noviembre de 2007

De como H2O = libertad

El 75% de la tierra es agua...por algo será ¿o no? Supongo que no todo el mundo está tan rayado con el agua como yo, pero también supongo que para todos significa algo... es imprescindible para vivir, eso ya es algo.
Para mí, hay tres tipo de agua (aunque todas sean la misma H2O): con la que nos duchamos, la que tomamos y en la que nos metemos. Y cada uno nos hace libres de alguna forma
1.- Con la que nos duchamos: no hay mucho que decir, nos metemos a la ducha, sentimos el masaje del agua un rato, nos jabonamos, el agua saca el jabón, sentimos el masaje (un ratito más por favor...) otra vez y afuera, sacamos el agua con la toalla. Nada más cotidiano, pero creo que es la mejor manera de empezar ( y aveces de terminar) el día, el agua de la ducha nos da ánimo, nos despierta, nos hace entrar en calor o nos refresca, dependiendo la estación y nos hace libres de la suciedad que a veces ni notamos. En fin, el agua de la ducha es común y corriente, pero increíblemente especial para mí.
2.- La que nos tomamos: A cualquier hora, cualquier día y con cualquier temperatura, no hay nada más rico que un vaso de agua con harto hielo. Sentir el sonido de los hielos que flotan chocando entre sí, ver como e vaso lentamente se empaña hasta mojarse por lo fría que está el agua. Y la mejor parte: cuando los hielos ya no se derriten porque tienen la misma temperatura del agua (supongo...) sentir como la dosis exacta de agua (lo que cabe en tu boca) corre por tu garganta y se siente bajar hasta el estómago, enfriando todo a su paso. Con el agua que nos tomamos somos libres de calor y de sed... aunque no se hasta que punto, porque el agua, aunque no lo crean, es adictiva, el simple hecho de ver el fondo del vaso (ok, lo asumo, el fondo del vaso se ve aunque esté lleno...) ya hace que me de más sed y tenga que volver a llenar el vaso, para volver a sentir cada sensación que un simple recipiente lleno de simple agua acompañada de simple hielo me hace sentir.
3.- En la que nos metemos: Esta agua es la mas complicada de explicar, pero se hace lo que se puede: Cuando me meto al agua (lago, piscina, mar) ella me deja un espacio, el espacio exacto y perfecto para que mi cuerpo entre en contacto con ella, eso me da la sensación de ser libre de hacer lo que quiera, de moverme como quiera y el agua va a adaptarse a cada movimiento sin problema. Una parte de mi cuerpo que se siente particularmente libre es mi pelo, cuando me hundo el pelo toma luz propia, vida propia, se separa de mi "dominio", EL es libre por sí solo. Y el silencio...no hay silencio más grande y liberador que el que existe bajo el agua, si quiero estar sola, bajo el agua es donde me siento más plenamente sola y además puedo gritar y patalear y nadie se va a dar cuenta.
En conclusión, no hay nada más liberador que el agua para mí...

viernes, 23 de noviembre de 2007

Telegrama de un día que no esperaba

8:30.El micrero nos llevó gratis. Nos atendió un gerente. Mauricio Hofmann. Me encontré con Miss Roxy. Un señor me avisó que no pasaba la C4. Una señora me preguntó por Colón con Manquehue (yo no sabía). Sentada (y acostada) leyendo en la plaza. Me equivoqué de calle. Me queman los pies al caminar. Delfina Guzmán. Sentada en el pasto al borde de la calle: "Una sonrisa, preciosa". El señor diertío del ascensor me marca el piso y me habla. Otro pastito afuera de un edificio. Una niña me hace el signo de rock por la ventana del auto y yo le respondo. 17:30. Pa la casa