Y yo que me creía única, que no entendía como iba a sobrevivir en un mundo de números con mi cerebro de palabras. Resulta que no.
Imaginaba mi cerebro como un campo de batalla entre dígitos y palabras, peleando infinitamente por conquistar mis pensamientos. Cálculo contra el blog, contabilidad contra mis ganas insaciables de leer leer leer. Pero sobre todo, pensaba que a nadie más le pasaba.
Pues, trsite realidad la mía, esa batalla a muerte es la que se vive a cada minuto en los cerebros de muchos que no saben como pensar, que no saben qué pensar y que, sobre todo, no saben como codificar sus pensamientos (si claro, como si alguien se cuestionara como codificar los pensamientos...)
Existe una trisite similitud cerebral que rompe un poco mis esquemas, que derrumba mi mayor disyuntiva y que, en contra de las leyes anturales, no me deja más tranquila, sino que me colapsa más todavía.
No tiene ningún sentido, pero tenía que decirlo.
lunes, 21 de abril de 2008
jueves, 3 de abril de 2008
Impuesto a las Palabras (o De como se me mezclaron dos mundos)
Todo eran palabras en mi vida, me gustaban las bocas porque podían decirlas,me gustaban los oídos porque podían escucharlas, me gustaban los lápices porque podían escribirlas y me gustaban los ojos porque podían verlas. Encontraba una para cada cosa, para que pasaba, para cada objeto que veía, para todo lo que sentía.
Veía en ellas a mis mejores amigas, a mi terapia de relajación, a mi manera de expresarme y porque no también a mi manera de entender el mundo.
Con ellas todo era mucho más fácil… Hasta que apareció el impuesto.
Nunca supe bien si fue la demanda la que bajó o la oferta que subió o el equilibrio que cambió, el precio que varió… Pero las palabras salieron de mi vida y todavía no aprendo a vivir sin ellas
Veía en ellas a mis mejores amigas, a mi terapia de relajación, a mi manera de expresarme y porque no también a mi manera de entender el mundo.
Con ellas todo era mucho más fácil… Hasta que apareció el impuesto.
Nunca supe bien si fue la demanda la que bajó o la oferta que subió o el equilibrio que cambió, el precio que varió… Pero las palabras salieron de mi vida y todavía no aprendo a vivir sin ellas
martes, 25 de marzo de 2008
De como fumar es hacer algo
Hay un tipo parado en una esquina, mirando al infinito, con las manos en los bolsillos, se balancea sobre sus pies, está solo, no hace nada...
En la otra esquina, hay un tipo mirando al infinito, con una mano en el bolsillo, se balancea sobre su pies, está solo, está FUMANDO. Se lleva el cigarro a la boca como si tuviera todo el tiempo del mundo.
¿Qué haces? Nada...¿Qué haces? Nada, fumándome un cigarro.
¿Ambos no hacen nada? Según ellos sí, pero no uno esta fumando, aunque hasta para él es nada ¿Porqué creemos que hay una diferencia entre estas dos soledades, entre estas dos inactivadades? Los dos tipos no están acompañados, los dos miran al infinito ¿Porqué fumar hace que uno de los dos esté haciendo ALGO? Es raro igual...¿Hay un porqué?
Es bien injusto que el tipo que no fuma sea un poco raro, el tipo está solo, "haciendo nada", parado en la vereda. Y el que fuma, hey está "fumando" se está llevando el tubo de tabaco encendido a la boca, está "haciendo algo"
A todos los que piensan eso, les cuento que los que nos paramos a mirar al infinito y a balancearnos sobre nuestros pies también estamos haciendo algo, mucho mas natural y sano, pensamos, miramos, observamos, cantamos en nuestro interior... O quizás no hacemos nada ¿Y QUÉ?
En la otra esquina, hay un tipo mirando al infinito, con una mano en el bolsillo, se balancea sobre su pies, está solo, está FUMANDO. Se lleva el cigarro a la boca como si tuviera todo el tiempo del mundo.
¿Qué haces? Nada...¿Qué haces? Nada, fumándome un cigarro.
¿Ambos no hacen nada? Según ellos sí, pero no uno esta fumando, aunque hasta para él es nada ¿Porqué creemos que hay una diferencia entre estas dos soledades, entre estas dos inactivadades? Los dos tipos no están acompañados, los dos miran al infinito ¿Porqué fumar hace que uno de los dos esté haciendo ALGO? Es raro igual...¿Hay un porqué?
Es bien injusto que el tipo que no fuma sea un poco raro, el tipo está solo, "haciendo nada", parado en la vereda. Y el que fuma, hey está "fumando" se está llevando el tubo de tabaco encendido a la boca, está "haciendo algo"
A todos los que piensan eso, les cuento que los que nos paramos a mirar al infinito y a balancearnos sobre nuestros pies también estamos haciendo algo, mucho mas natural y sano, pensamos, miramos, observamos, cantamos en nuestro interior... O quizás no hacemos nada ¿Y QUÉ?
domingo, 16 de marzo de 2008
martes, 11 de marzo de 2008
A mi lado duerme un hombre
A mi lado duerme un hombre.
Un hombre que huele a jabón y a perfume en las mañanas.
Le gusta leer un poco antes de dormir.
A veces escucha música, pero con ella no logra dormirse y mira eternos minutos al techo, tratando de no pensar en nada.
Sus ojos están siempre moviéndose, abiertos o cerrados, como si nunca descansara, como si su alma y su mente no pudieran desocuparse jamás.
Casi nunca me mira y cuando nuestros ojos se encuentran, uno de los dos decide mirar a otro lugar, como huyendo de la mirada del otro.
A mi lado duerme un hombre.
Y en Baquedano despierta y se levanta, para el cambio de andén.
Un hombre que huele a jabón y a perfume en las mañanas.
Le gusta leer un poco antes de dormir.
A veces escucha música, pero con ella no logra dormirse y mira eternos minutos al techo, tratando de no pensar en nada.
Sus ojos están siempre moviéndose, abiertos o cerrados, como si nunca descansara, como si su alma y su mente no pudieran desocuparse jamás.
Casi nunca me mira y cuando nuestros ojos se encuentran, uno de los dos decide mirar a otro lugar, como huyendo de la mirada del otro.
A mi lado duerme un hombre.
Y en Baquedano despierta y se levanta, para el cambio de andén.
domingo, 20 de enero de 2008
Santiago en más de 100 palabras
Nota previa a la lectura: esto fue escrito hace más de un año...cuando había micros
“No es perfecta pero se acerca a lo que yo simplemente soñé...”
En verda nunca lo soñé y si alguna vez lo hubiese hecho, estoy segura de que no hubiera sido así...
Santiago, por el Santo Patrono, lo llamaron los conquistadores que la fundaron como un punto estratégico por su peculiar geografía, no solo está a los pies de la cordillera de Los Andes, sino que es parte de ella, los cerros la definen, la describen, la dibujan... la ciudad no es más que variados cerros y los pequeños valles formados entre ellos.
Cualquiera se burlaría de mi si supiese quien soy, porque no tengo ningún argumento lo suficientemente fuerte para afirmar que Santiago es una ciudad “amable” (y cuando digo amable me refiero a que es fácil enamorarse de ella, no a su “forma de ser”) puesto que no la conozco del todo (es más, la desconozco casi por completo)
Hace unos días, un precioso atardecer me encontró caminando por Padre Hurtado. Mientras comparábamos películas y sueños (más bien, las asemejábamos) noté un especial degradé en el cielo, subiendo desde el horizonte oeste en un naranjo brillante poblado de nubes que formaban un paisaje medio Western, cambiando drásticamente a un celeste pálido hasta esconderse tras la cordillera con rostro de nubes cargadas de bendiciones (¿lluvia trae bendiciones?...cliché) Las hojas de los árboles sacaron todo su verdor, haciéndose ver limpias, brillantes, elegantemente hermosas. Se respiraba un aire (como siempre) contaminado, pero a la vez puro y frío el que el aire está frió siempre me da la sensación de que está puro también.
Después de dejar pasar algunas micros, dudosas del destino que tenían, nos subimos a una diferente, más chica, con una máquina que sin preguntar ni quejarse de anda, nos cobró escolar. Nos bajamos y caminamos saliendo de la Gran Vitacura hacia una calle más pequeña, pero no menos deslumbrante. En ese momento pensé, si se pusiera a llover, no me importaría, nada me arruinaría el éxtasis de ver a Santiago vestida (o vestido no sé) de gala.
Caminar siempre me ha hecho sentir libre y ese día lo sentí con más fuerza. Iba por ahí, con uniforme, caminando por la vereda por donde quizás cuánta gente ha caminado, pero estoy segura de que nadie lo disfrutó como yo. El intenso verde de las hojas era inexplicable, tendrían que haberlo visto para entender.
“Nada podría sacarme de este momento, ni la lluvia, es más, que lloviera lo haría todo más natural, casi nativo” En eso estaba pensando cuando sonaron los bosinazos que nos avisaban que nos teníamos que subir al auto.
Fue como si me hubiesen encadenado, como si me hubiesen despertado de un sueño perfecto y obligado a reintegrarme a la realidad... la verdad es que eso pasó, me trajeron de vuelta a la realidad... un par de bosinazos...
...DIOS, ODIO LAS BOSINAS...
“No es perfecta pero se acerca a lo que yo simplemente soñé...”
En verda nunca lo soñé y si alguna vez lo hubiese hecho, estoy segura de que no hubiera sido así...
Santiago, por el Santo Patrono, lo llamaron los conquistadores que la fundaron como un punto estratégico por su peculiar geografía, no solo está a los pies de la cordillera de Los Andes, sino que es parte de ella, los cerros la definen, la describen, la dibujan... la ciudad no es más que variados cerros y los pequeños valles formados entre ellos.
Cualquiera se burlaría de mi si supiese quien soy, porque no tengo ningún argumento lo suficientemente fuerte para afirmar que Santiago es una ciudad “amable” (y cuando digo amable me refiero a que es fácil enamorarse de ella, no a su “forma de ser”) puesto que no la conozco del todo (es más, la desconozco casi por completo)
Hace unos días, un precioso atardecer me encontró caminando por Padre Hurtado. Mientras comparábamos películas y sueños (más bien, las asemejábamos) noté un especial degradé en el cielo, subiendo desde el horizonte oeste en un naranjo brillante poblado de nubes que formaban un paisaje medio Western, cambiando drásticamente a un celeste pálido hasta esconderse tras la cordillera con rostro de nubes cargadas de bendiciones (¿lluvia trae bendiciones?...cliché) Las hojas de los árboles sacaron todo su verdor, haciéndose ver limpias, brillantes, elegantemente hermosas. Se respiraba un aire (como siempre) contaminado, pero a la vez puro y frío el que el aire está frió siempre me da la sensación de que está puro también.
Después de dejar pasar algunas micros, dudosas del destino que tenían, nos subimos a una diferente, más chica, con una máquina que sin preguntar ni quejarse de anda, nos cobró escolar. Nos bajamos y caminamos saliendo de la Gran Vitacura hacia una calle más pequeña, pero no menos deslumbrante. En ese momento pensé, si se pusiera a llover, no me importaría, nada me arruinaría el éxtasis de ver a Santiago vestida (o vestido no sé) de gala.
Caminar siempre me ha hecho sentir libre y ese día lo sentí con más fuerza. Iba por ahí, con uniforme, caminando por la vereda por donde quizás cuánta gente ha caminado, pero estoy segura de que nadie lo disfrutó como yo. El intenso verde de las hojas era inexplicable, tendrían que haberlo visto para entender.
“Nada podría sacarme de este momento, ni la lluvia, es más, que lloviera lo haría todo más natural, casi nativo” En eso estaba pensando cuando sonaron los bosinazos que nos avisaban que nos teníamos que subir al auto.
Fue como si me hubiesen encadenado, como si me hubiesen despertado de un sueño perfecto y obligado a reintegrarme a la realidad... la verdad es que eso pasó, me trajeron de vuelta a la realidad... un par de bosinazos...
...DIOS, ODIO LAS BOSINAS...
martes, 1 de enero de 2008
De como se ha degenerado el ocio
"Ocio: cesación del trabajo, inactividad"
Diccionario Aristos
Ayer con una amiga estábamos haciendo una lista de a qué éramos adictas en el curso, sanamente hablando, por supuesto... Adivinen a que era (soy) adicta yo: al OCIO
Hace muchos, muchos años, un ocioso era un sabio. En Grecia, en Roma, no trabajar era sinónimo de pensar, si no tenías que estar trabajando la tierra, lavando ropa o gobernando un inmenso imperio, entonces estabas pensando... todo el tiempo, pensando. Así fue como llegaron a ser la rica "herencia grecolatina" que en los últimos siglos los profesores de historia nos enseñan que tenemos. Habían hombres que pensaban en como organizar el estado y gente que lo gobernaba, habían hombres que pensaban como construir acueductos y templos y gente que los construía, habían hombres que pensaban como darle explicación a los fenómenos naturales y gente que adoraba a múltiples dioses. En la antigüedad los ociosos mandaban el mundo, los ociosos la llevaban...
¿Y hoy día? Hoy día el ocioso es el que se sienta frente a la tele, con una Limón Soda en la mano (haz todo, haz NADA) que no piensa en gobiernos, ni en acueductos, ni en fenómenos naturales...por que NO PIENSA. Su cerebro se apaga...
Qué ironía, Griegos y Romanos creían que el ocio era encender el cerebro... y eso era, echarlo a andar. Y nosotros, que tanto heredamos de ellos, creemos que el ocio es apagarlo...TOTALMENTE.
Lo asumo, no me siento lo que es orgullosa de ser adicta al ocio, pero si de que ocupé parte de él en pensar en todo esto y se los digo ahora. No heredemos de los viejos barbudos de Apolo y Afrodita sólo la filosofía y la democracia, sino también la raíz de eso, la fuente de eso, el ocio productivo.
Que el no tener nada que hacer no signifique, precisamente, no hacer nada, que no sea un tiempo para apagar el cerebro, sino para echarlo a andar en cosas diferentes a estudiar o trabajar. Hay libros por leer y porqué no también por escribir, no vamos a ser imperios democráticos con acueductos y montones de dioses. Pero al menos no vamos a ser la generación Limón Soda (sin ofender, me encana su publicidad...) esos que no hacían nada, no pensaban nada.
Seamos ociosos... pero OCIOSOS ACTIVOS.
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